En la actualidad, gracias a los avances veterinarios y los cuidados que les podemos ofrecer, la esperanza de vida de perros y gatos se ha alargado.
Paralelamente, sin embargo, una de las consultas que más han aumentado en los últimos años tiene que ver con cambios de comportamiento en estos animales de edad avanzada. Muchos cuidadores llegan preocupados porque su compañero ya no es el mismo: se desorienta, duerme mal o parece haber olvidado hábitos que antes tenía perfectamente integrados. En muchos de estos casos, hablamos de disfunción cognitiva, una condición comparable al envejecimiento cerebral (alzheimer o demencia senil) en las personas.
¿Qué es la disfunción cognitiva?
La disfunción cognitiva canina y felina es un síndrome neurodegenerativo asociado al envejecimiento del cerebro. Con el paso del tiempo se producen cambios estructurales y químicos que afectan a la memoria, al aprendizaje, a la percepción y al comportamiento. No se trata simplemente de hacerse mayor, sino de un proceso patológico que puede afectar de forma significativa a la calidad de vida. A nivel cerebral, se da una disminución de la circulación sanguínea, se acumulan radicales libres en consecuencia y también se deposita una proteína en el tejido cerebral.
¿A qué edad aparece?
La edad de aparición puede variar según el individuo y la especie:
- Perros: suele detectarse a partir de los 8-10 años, aunque en razas grandes puede aparecer antes. A partir de los 11-12 años, el riesgo aumenta de forma considerable.
- Gatos: generalmente se manifiesta a partir de los 11-12 años, y es bastante frecuente en gatos mayores de 15 años (casi el 50%), aunque muchas veces pasa desapercibida.
Es importante destacar que no todos los animales mayores desarrollan disfunción cognitiva, aunque es más común de lo que se cree.
Síntomas más frecuentes
Los signos pueden ser progresivos y sutiles al principio. Estas manifestaciones pueden confundirse con otras enfermedades debidas al envejecimiento y son:
- Desorientación: se pierden en casa o en las rutas conocidas en los paseos, se quedan mirando a la pared, no reconocen espacios familiares.
- Interacción alterada: buscan menos contacto que antes o, por el contrario, se vuelven excesivamente dependientes.
- Sueño-vigilia alterado: duermen más durante el día y deambulan o vocalizan por la noche.
- Higiene: olvidan hábitos aprendidos, como pedir salir para orinar o usar el arenero.
- Actividad reducida o repetitiva: caminan sin rumbo o repiten movimientos.
En gatos, además, es frecuente el aumento de vocalizaciones nocturnas (aunque también pueden darse por el día) y la irritabilidad.
Diagnóstico
No existe una prueba única para confirmar la disfunción cognitiva. El diagnóstico se basa en la historia clínica, un test sobre las conductas que presenta, la observación del comportamiento y la exclusión de otras enfermedades físicas frecuentes en animales mayores, como problemas articulares, alteraciones hormonales, pérdida de visión o audición.
Por eso, ante cualquier cambio de conducta, la consulta veterinaria es clave.
Tratamientos y manejo
Aunque la disfunción cognitiva no tiene cura, sí existen tratamientos que pueden ralentizar su progresión y mejorar el bienestar y la calidad de vida, además de la convivencia, que se ve afectada:
- Fármacos específicos que actúan sobre los neurotransmisores y la circulación cerebral.
- Dietas formuladas para el envejecimiento cerebral, ricas en antioxidantes, son imprescindibles en estos casos (vitamina E, Astaxantina, Selenio etc), ácidos grasos omega-3 (sobre todo DHA) y nutrientes neuroprotectores (vitaminas del grupo B).
- Suplementos nutricionales, siempre bajo recomendación veterinaria: incluyen plantas como el ginkgo, la cúrcuma, rhodiola entre otras.
- Enriquecimiento ambiental: rutinas estables, juegos sencillos, estimulación mental adaptada a su capacidad.
- Ambiente predecible y seguro, evitando cambios bruscos en sus rutinas y facilitando el acceso a zonas clave del hogar.
Es duro ver cómo tu compañero canino o felino se hace mayor. El tiempo para ellos pasa demasiado rápido y a nosotros nos parece que fue ayer cuando les enseñamos a sentarse o les veíamos jugar de forma incombustible. Pero no debemos vivir su envejecimiento con resignación, en esta etapa es cuando más nos necesitan.
Reconocer a tiempo los signos de disfunción cognitiva permite acompañar mejor a nuestros perros y gatos en este momento de su vida, adaptando los cuidados y su alimentación a sus nuevas necesidades. Con atención, paciencia y apoyo veterinario, es posible ofrecerles una vida digna, tranquila y llena de afecto en sus años senior.

