Portada » Adopción responsable: más allá del acto de adoptar

Hablar de adopción responsable implica mucho más que decidir incorporar un animal de compañía a la familia. Supone asumir un compromiso ético y emocional que trasciende el simple gesto de “rescatar” o “dar una segunda oportunidad”. Es un acto de coherencia, de respeto hacia la vida animal y de reflexión sobre la capacidad real del posible adoptante para ofrecer bienestar, estabilidad y cuidado continuado.

En una sociedad con mayor sensibilidad hacia el bienestar animal, adoptar no puede entenderse como una acción impulsiva ni superficial. La responsabilidad comienza en el momento en que se contempla la idea de convivir con un animal, y ha de permanecer durante toda su vida.

Más allá del #nocompresadopta

El lema #nocompresadopta ha contribuido a reducir la compra de animales de compañía, pero el verdadero cambio radica en comprender qué significa adoptar con responsabilidad.

Según los informes de la Fundación Affinity, miles de perros y gatos son abandonados cada año en España (se calcula que unos 33 cada hora), cifras que evidencian que todavía queda camino por recorrer. Detrás de esos números hay expectativas frustradas y decisiones tomadas sin la información ni la preparación adecuadas.

Adoptar no debería ser solamente un gesto de buena voluntad, sino un proceso reflexivo que contemple las necesidades del animal (como individuo) y la capacidad de la familia para atenderlas. La adopción responsable se fundamenta en la empatía, la planificación y el conocimiento, tres pilares que evitan que un acto solidario termine convirtiéndose en una experiencia frustrante para la familia y de confusión absoluta para el animal.

El sentido etológico de la adopción

Desde la etología felina, la adopción responsable se entiende como el proceso de encontrar la compatibilidad adecuada entre el individuo animal y su nuevo entorno humano. No se trata de elegir un gato que agrade visualmente o despierte ternura, ni tampoco elegir uno al azar creyendo que por el hecho de cumplir la premisa de ser un gato (animal que adoramos) ya se generará el vínculo. No es bueno pensar en general sino de identificar qué animal puede adaptarse mejor al estilo de vida, al espacio y a las rutinas del hogar y viceversa.

De lo contrario se cae en la inexactitud y la simplificación. Cada gato, como individuo, se caracteriza por su temperamento, carácter, capacidad de aprendizaje y adaptación, nivel de socialización, entre otros factores, que influirán en gran medida a la hora de interaccionar y establecer relaciones afectivas con la familia adoptante. Por eso es importante conocer sus diferencias individuales con antelación para que la adopción y adaptación sean lo más estables, respetuosas y enriquecedoras posible para ambas partes.

Evaluar la compatibilidad entre gato y familia requiere observar aspectos como su nivel de confianza, su curiosidad, su tolerancia al contacto y cómo gestiona sus emociones. Este enfoque etológico no solo favorece la armonía entre ambas partes, sino que previene posibles devoluciones o abandonos posteriores. Consultar a una profesional del sector puede facilitar la decisión y la elección del animal con más probabilidad de éxito.

Responsabilidad y compromiso a largo plazo

Adoptar implica mucho más que cubrir necesidades básicas de alimentación o higiene. Conlleva dedicación diaria, atención veterinaria, disponibilidad de tiempo y recursos económicos, así como la voluntad de aprender y comprender las conductas naturales del gato.

Antes de adoptar, es recomendable reflexionar sobre las propias expectativas: ¿qué se espera del animal?, ¿qué estilo de vida se le puede ofrecer?, ¿existe la disponibilidad emocional y temporal necesaria para garantizarle calidad de vida?

Un gato puede vivir más de quince años; su presencia implica reorganizar rutinas, asumir gastos continuos y mantener una actitud de respeto hacia su naturaleza (las conductas propias de la especie). La convivencia se construye desde la paciencia, la observación y la adaptación mutua.

Una adopción precipitada o sin una valoración realista puede derivar en problemas de comportamiento, estrés para el animal y frustración para la familia. Por ello, la planificación y la información previas son elementos clave de toda adopción responsable.

El peligro de las adopciones impulsivas

Determinadas épocas del año, como la Navidad o las vacaciones de verano, suelen registrar un aumento de las adopciones motivadas por la emoción o el deseo de regalar. Sin embargo, esta práctica representa uno de los mayores riesgos para el bienestar animal ya que en numerosas ocasiones las dificultades de adaptación del animal u otros factores derivados de la falta de reflexión acaban traduciéndose en un aumento de las devoluciones en refugios y protectoras pasadas las fiestas.

El respeto animal pasa por entender que no son objetos de consumo, ni obsequios temporales, sino seres vivos que requieren de estabilidad emocional, comprensión y compromiso constante.

La adopción debería ser siempre el resultado de una decisión meditada, madura y empática, nunca de un impulso emocional.

Bienestar compartido y prevención del abandono

Cuando una adopción se realiza de forma responsable, los beneficios son mutuos. El gato encuentra un hogar estable donde puede expresar sus comportamientos naturales y sentirse seguro; la familia, por su parte, experimenta el vínculo emocional, la compañía y la satisfacción de haber ofrecido una segunda oportunidad. Este equilibrio conllevará una convivencia en armonía, vínculos sanos y emociones positivas para todos los participantes.

El bienestar compartido es el verdadero indicador de éxito en una adopción.

Adoptar con responsabilidad es, en última instancia, una forma de prevenir el abandono y contribuir a una sociedad más comprometida con los animales.

Asesoramiento profesional y acompañamiento

Ante la complejidad que puede implicar elegir el gato más adecuado o gestionar la adaptación en el nuevo hogar, contar con asesoramiento profesional especializado resulta de gran ayuda. Las asesorías preventivas y de adopción orientadas desde la etología felina permiten valorar la compatibilidad entre gato y familia, anticipar posibles desafíos y establecer pautas que favorezcan una integración tranquila y positiva.

Reflexión final

Adoptar con responsabilidad es un acto de amor consciente. No se trata únicamente de ofrecer refugio a un animal sin hogar, sino de construir un proyecto de convivencia basado en el respeto, el conocimiento y el compromiso a largo plazo.

Cada adopción responsable es una oportunidad de cambio, no solo para el animal adoptado, sino también para la sociedad que aprende a mirar a los animales como seres sensibles y merecedores de una vida tranquila.

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Autora

Maria Josep Pons

Maria Josep Pons

Bióloga y especialista en etología felina, incide en la importancia de crear un entorno sano y adaptado para los gatos. En este sentido, su proyecto “Gatos a pares” se centra en asesorar en la prevención de situaciones que alteren la convivencia y en mejorar el vínculo afectivo que garantice el bienestar familiar. En la actualidad continúa su formación, fiel a la idea de que siempre hay algo nuevo que aprender. 

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