Las rutinas como base de una convivencia equilibrada
En mi trabajo como educador canino, una de las primeras preguntas que hago a las familias que consultan por problemas de comportamiento es sobre las rutinas diarias de su perro. La respuesta que recibo con frecuencia es «bueno, no tenemos horarios muy fijos, nos adaptamos». Y ahí suele estar una parte importante del problema. Los perros, a diferencia de lo que muchos piensan, no solo se benefician de los hábitos: los necesitan para su equilibrio emocional y bienestar.
Animales de costumbres por naturaleza
Por naturaleza, los perros son animales de costumbres. En estado salvaje, los lobos y otros cánidos siguen patrones muy marcados en su día a día: momentos para cazar, para descansar, para jugar, para interactuar con la manada. Estos ritmos les dan seguridad y les permiten anticipar lo que va a ocurrir, reduciendo el estrés. Nuestros perros domésticos conservan esta necesidad de predictibilidad. Cuando saben qué esperar y cuándo esperarlo, se sienten tranquilos y seguros. Cuando todo es caótico e impredecible, viven en un estado de alerta constante que genera ansiedad.
La predictibilidad y su efecto en el sistema nervioso
La predictibilidad que ofrecen las rutinas tiene un efecto directo sobre el sistema nervioso del perro. Un animal que sabe que después del paseo matutino vendrá el desayuno, luego un rato de descanso, después quizás algo de juego, y más tarde otro paseo, puede relajarse entre estas actividades. Sabe que llegará su momento. Por el contrario, un perro sin hábitos claros no puede relajarse del todo porque no sabe cuándo será la próxima oportunidad para hacer sus necesidades, para comer, para jugar o para recibir atención. Esta incertidumbre genera un nivel de estrés crónico que afecta a su salud física y mental.
Problemas de comportamiento y falta de hábitos
Muchos problemas de comportamiento tienen su raíz en la falta de rutinas. La ansiedad por separación, por ejemplo, suele empeorar cuando las salidas y llegadas del tutor son completamente impredecibles. Los ladridos excesivos pueden deberse a que el perro no sabe cuándo va a salir a pasear y se desespera cada vez que oye un ruido que podría indicar que es el momento. La destructividad puede surgir del aburrimiento y la frustración de no saber qué hacer con su tiempo. Establecer hábitos claros es, en muchos casos, el primer paso para resolver estos problemas.
Qué deben incluir las rutinas
Las rutinas deben cubrir los aspectos básicos de la vida del perro: alimentación, paseos y ejercicio, tiempo de juego e interacción, y tiempo de descanso. No hace falta ser militar con los horarios, pero sí mantener una cierta consistencia. Si el primer paseo suele ser sobre las siete de la mañana, no pasa nada si un día es a las siete y media, pero sí puede afectar al perro que un día sea a las siete y al siguiente a las once. Lo mismo con las comidas: es preferible alimentar siempre a horas similares, que hacerlo cuando nos acordamos o cuando nos viene bien.
La rutina antes de quedarse solo en casa
Un aspecto especialmente importante es la práctica antes de quedarse solo en casa. Muchas personas cometen el error de despedirse efusivamente de su perro cada vez que salen, generando drama y ansiedad. Es mucho más beneficioso establecer una rutina tranquila y predecible: un paseo antes de salir, quizás un juguete interactivo para que se entretenga y marcharse despidiéndose del animal, pero sin excesivos aspavientos. Si esto ocurre cada día de la misma manera, el perro aprende que es algo normal y temporal, y puede gestionarlo con más tranquilidad.
Rutinas para todos los perros
Las rutinas no son sólo para cachorros o perros con problemas. Todos los perros, independientemente de su edad o temperamento, se benefician de ellas. Un perro mayor con costumbres claras mantiene mejor su función cognitiva. Un perro adulto equilibrado se vuelve aún más estable con hábitos bien establecidos. Incluso los perros más independientes y seguros de sí mismos aprecian saber qué esperar de su día a día.
Estructura no significa rigidez
Es importante también entender que las rutinas no significan rigidez absoluta ni una vida aburrida para el perro. Dentro de la estructura de horarios y actividades regulares hay espacio para la variedad: diferentes rutas de paseo, nuevos juegos, salidas ocasionales a lugares distintos. La clave es que el perro tenga clara la estructura básica de su día, y dentro de esa seguridad, podamos introducir novedades que enriquezcan su vida sin generarle estrés.
Un acto de amor y respeto
Establecer hábitos requiere un esfuerzo inicial por nuestra parte, especialmente si tenemos horarios laborales variables o una vida familiar intensa. Pero es una inversión que merece la pena. Un perro con rutinas claras es un perro más tranquilo y feliz, siendo más fácil convivir con él. Las rutinas son un acto de amor y respeto hacia nuestro compañero canino, porque le ofrecemos exactamente lo que necesita para sentirse seguro y equilibrado en un mundo humano que, de otro modo, puede resultarle confuso y estresante.

